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Dr. Janez Drnov¹ek: Europa y el "sindrome Haider" (In Spanish)

ABC 27.03.2000


La reacción de la Unión Europea frente a los resultados de las elecciones en Austria y la formación de la nueva coalición negra-azul ha desencadenado no sólo una ola de manifestaciones y el apoyo de los medios de difusión, sino también algunas sorpresas y reflexiones. ¿Qué es lo que en realidad está sucediendo en Austria y en Europa? ¿Es que los valores democráticos fundamentales de Europa se encuentran amenazados? ¿Son los acontecimientos en Austria tan especiales y dramáticos que han debido dar lugar a una reacción, hasta ahora sin precedentes, por parte de la UE y al congelamiento del diálogo político entre sus 14 miembros y su socia Austria? Estos hechos llaman ciertamente a una reflexión acerca de dónde se encuentra hoy la política europea y qué es lo que la motiva.

1. En octubre de 1999 el partido liberal de Haider ganó en las elecciones el 27% de los votos, con lo cual, se convirtió en el segundo partido más grande del país. Los dos partidos gobernantes perdieron las elecciones. Haider, entre tanto, está en permanente ascenso. Su partido ha sido definido como un partido de extrema derecha y, como tal, amenazaría los valores fundamentales europeos y representaría un fenómeno retrógrado, con reminiscencias de los acontecimientos del período de pre- y entreguerra. La pregunta es: ?el 27% de los votantes austríacos ha dado su apoyo a Haider gracias a algunas de sus declaraciones sobre el nacionalsocialismo, declaraciones que más tarde él mismo iría corrigiendo y desmintiendo? ?Le ha dado su apoyo debido a la existencia de una relación hostil con los extranjeros, con las minorías? A juzgar por la reacción de los políticos en catorce países europeos podríamos pensar que es ciertamente así, y que en Austria existe el peligro de que tendencias retrógradas de este tipo prosperen, predominen y cundan también en otros países europeos, lo cual significaría una gran amenaza para la Unión Europea, para su desarrollo democrático y para su estabilidad. Los críticos afirman que los austríacos nunca han esclarecido plenamente su pasado próximo, el nacionalsocialismo y la Segunda Guerra Mundial. Si así fuera, habría que prestarle suma atención a este hecho, y las advertencias de la comunidad internacional tendrían toda su razón de ser.

2. Sin embargo, muchos opinan que el éxito logrado en las elecciones por los liberales de Haider se debe sobre todo a las deficiencias de los dos partidos gobernantes, que desde hace ya bastante tiempo no han sabido encontrar las respuestas adecuadas para impedir el desarrollo del populismo de derecha. Pareciera que Haider ha aprovechado especialmente la inercia política y burocrática de la clase dirigente, la ha desafiado exitosamente de modo retórico y populista, conquistando un amplio número de votantes, quienes probablemente se han manifestado más en contra de la inercia e ineptitud política reinante que en apoyo de una alternativa política claramente definida. Durante un largo período de mandatos gubernamentales, los dos principales partidos austríacos aseguraron un sólido desarrollo de Austría y un estándar de vida relativamente alto, pero, a la vez, generaron una falta de motivación política. El continuo reparto de posiciones políticas y administrativas entre los dos partidos, el reparto y la lucha por cada milímetro de influencia política, los recurrentes affaires y escándalos - todo eso dió lugar a la insatisfacción y a la saturación. Desde esta perspectiva quizás la reacción de los políticos europeos se hace incluso más comprensible. Quizás se trate de un temor conciente o subconciente a que una similar usufructuación populista de situaciones políticas estancadas y anquilosadas tenga lugar en muchos otros países europeos. Numerosos partidos europeos tradicionales, conmocionados por escándalos de corrupción, se enfrentan con dificultades, a menudo con la rigidez, quizás con la incapacidad objetiva de adaptarse a las nuevas situaciones, a las expectativas y exigencias de la gente. Un populista hábil y exitoso podría en esa situación ganar apoyo. A la propia administración de Bruselas se la presiona y se le exige cada vez más una mayor transparencia y eficacia. Ella misma podría llegar a ser objeto de ataques populistas en el futuro. En muchos lugares los ciudadanos europeos se sienten enajenados de sus gobiernos nacionales y aún más del gobierno europeo, "el gobierno de Bruselas". La combinación de los dos elementos - por un lado, el elemento xenófobo, intolerante, retrógrado y, por otro, el elemento populista, antiburocrático de purificación de las estructuras y partidos políticos perimidos y anquilosados - podría resultar muy peligrosa y explosiva. Quizás es justamente eso lo que ha despertado el temor en los políticos europeos frente a los cambios de gobierno en Austria. A veces pareciera que a causa de temores locales acumulados en algunos países europeos, Europa necesitó un Haider "externo". Al final ya no importa qué es lo que Haider dice y hace hoy. A su populismo Europa ha respondido de manera populista, así como los populistas de derecha demonizan a los extranjeros, a una minoría o algún peligro externo, así los demócratas europeos demonizan hoy a Haider. La paradoja reside en el hecho de que el nuevo gobierno austríaco todavía no ha actuado en absoluto. A nadie le ha causado el más mínimo daño, no ha infringido todavía ninguno de los derechos humanos. En algunos países europeos ya hoy se trata a los extranjeros de manera al menos tan restrictiva como en Austria. En muchos lugares se siente temor frente a la ampliación de la UE, al tránsito de personas y de trabajadores del Este. ¿Acaso la UE se está transformando cada vez más en una fortaleza, a la cual un no europeo tendrá cada vez mayores dificultades para ingresar? Más allá de los esfuerzos, por principio, en favor de la ampliación de la UE, ¿las dificultades prácticas y las condiciones que se requieran a los países candidatos para el ingreso no serán quizás aún mayores de las que se nos presentan hoy junto a los temores austríacos?

3. La pregunta que se plantea es: ¿cuál es la mejor manera de enfrentarse con los peligros de un populismo de este tipo, es decir, a un desafío político como el que representa el síndrome Haider? ¿Es realmente el aislamiento político del nuevo gobierno austríaco, integrado en parte por los liberales, el procedimiento correcto, la reacción adecuada? ¿Qué es mejor en estos casos: impedir a toda costa gobiernos con estas características, o tolerarlos con la esperanza de que su populismo se confronte con la realidad y pierda su encanto, que sus políticos populistas se conviertan en simples políticos que deben solucionar dificultades cotidianas? - Europa se decidió a favor del aislamiento y la suspensión del diálogo con un gobierno de este tipo. Esta postura, junto a todas las manifestaciones políticas y las tomas de posición de los medios de difusión que la acompañaron, puede representar un precedente de importancia, una advertencia para toda otra situación similar. Estoy convencido que tal impresión ha de perdurar y que el accionar preventivo de la UE es importante. Lo que podríamos preguntarnos es si no habría sido suficiente un serio llamado de atención, y luego reaccionar en los casos concretos, si se llegasen a violar los derechos humanos, si se implementasen políticas hostiles hacia las minorías o hacia los extranjeros, o se presentasen otras manifestaciones de intolerancia. Además la pregunta es: ¿qué tipo de consecuencias tendrá esta reacción de la comunidad internacional y de la UE en la vida política interna de Austria? ¿Serán éstas positivas o negativas? ¿No considerarán los austríacos que esto es una intromisión injustificada en sus asuntos internos y en su decisión democrática?

4. En la presente situación europeo-austríaca existe también otro aspecto importante que en las actuales reacciones europeas se encuentra injustificadamente relegado a un segundo plano. La coalición austríaca abre la cuestión de los alemanes de los Sudetes, esto es, de los Acuerdos de Benes en la República Checa y de los antiguos austríacos o alemanes que abandonaron Eslovenia después de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de la cuestión de los integrantes de las comunidades nacionales que colaboraron en el exterminio genocida de pueblos en sus respectivos países. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial fueron expulsados y sus propiedades confiscadas. La cuestión de la indemnización de los expulsados se reglamentó a través del Acuerdo Nacional Austríaco. La coalición austríaca ha abierto nuevamente esta cuestión, pero esta reapertura de cuestiones de posguerra, que ya fueron solucionadas por medio de acuerdos internacionales después de la Segunda Guerra Mundial y que forman parte del orden jurídico internacional o aliado de posguerra, tiene ya su precedente en tiempos del gobierno italiano de derecha de los años 1994 y 1995. En aquel entonces el gobierno italiano le exigía a Eslovenia el retorno de los inmuebles nacionalizados después de la Guerra, a pesar de que esta cuestión ya había sido solucionada con el así llamado Acuerdo de Osimo y de Roma, firmado entre Italia y Yugoslavia, y ya se habían abonado, en conformidad con el mismo, las indemnizaciones financieras correspondientes. Italia relacionó, mejor dicho, supeditó la aceptación del acuerdo de asociación de Eslovenia con la UE a la cuestión del retorno de dichos inmuebles, lo que significaba una corrección del orden jurídico de posguerra. En aquel entonces Italia bloqueó por un período de dos años la firma del acuerdo de asociación o acuerdo europeo y, con ello, el proceso de asociación de Eslovenia a la UE. La UE no reaccionó frente a esta manera de abrir cuestiones históricas de posguerra y al relacionamiento de estas cuestiones con el proceso de adhesión a la UE. Recién con la llegada del nuevo gobierno italiano, encabezado por Romano Prodi, llegamos a solucionar esta cuestión con un convenio especial de apertura paulatina del mercado inmobiliario en Eslovenia, con lo cual el nuevo gobierno italiano levantó el bloqueo al proceso de adhesión de Eslovenia a la UE.

La UE no reaccionó frente a un caso muy claro de condicionamiento o, más precisamente, de extorsión. En aquel momento llamamos especialmente la atención sobre el peligro de un precedente de este tipo, sobre la posibilidad de que se extendiera a otros casos - Alemania - República Checa, República Checa - Austria, Alemania - Polonia -, sobre el hecho de que las cuestiones de indemnización están reglamentadas por medio de convenios y que estos convenios no regulan sólo el pago de las indemnizaciones por las propiedades confiscadas, sino que también regulan cuestiones fronterizas y otras preguntas de vital importancia. Es por ello que el cuestionamiento del orden jurídico de posguerra es peligroso y está en contradicción con los fundamentos sobre los que se basa la UE. El nazismo y el fascismo han causado durante la Seguna Guerra Mundial muchísimo sufrimiento, muchísimos horrores; el orden jurídico de posguerra de los vencedores quizás no sea justo en todos sus detalles, pero la reapertura de estas cuestiones genera tensiones en la relaciones europeas mutuas, abre antiguas heridas y despierta nuevamente las emociones de entonces. La UE debería prestar una especial atención a esta cuestión en la comprobación del accionar político concreto del nuevo gobierno austríaco, especialmente debería impedir el relacionamiento de estas cuestiones con el proceso de ampliación y la inclusión, directa o indirecta, de las mismas en las tratativas de ampliación. Si los países involucrados pueden solucionar de común acuerdo las cuestiones particulares que - desde la perspectiva de una cierta justicia universal - quizás hayan quedado aún pendientes, entonces que lo hagan de común acuerdo en el marco de sus relaciones bilatelares y no con la carga de ser un país miembro que tiene la posibilidad bloquear o retardar el proceso de aceptación de un país candidato, el que así se ve forzado a dar concesiones que son quizás infundadas o injustificadas.

Todas las cuestiones que hemos mencionado muestran que existe una línea muy tenue entre lo que es una conducta aceptable y una conducta inaceptable dentro de la UE. Asimismo, muestran que esta línea no es inamovible. Queda absolutamente en claro que no es aceptable el juego con ideas y sentimientos próximos al nazismo, fascismo o al revanchismo. No cabe ninguna duda al respecto. Este es, a la vez, el punto más firme del programa europeo. Los horrores de la Segunda Guerra Mundial no pueden volver a repetirse bajo ningún punto de vista. Que la Europa de hoy no es inmune a ello, lo han demostrado las guerras en Yugoslavia. La limpieza étnica, el extermino de los miembros de otra nación, el genocidio - todo esto es posible aún hoy. Los pueblos de Yugoslavia no estaban a un nivel cultural y de civilización muy distinto al de numerosos pueblos europeos. Una política que se basa en la instauración de una Gran Serbia o una Gran Alemania conduce a la catástrofe. Los políticos que despiertan en la gente este tipo de sentimientos, que desean corregir injusticias históricas cometidas contra sus pueblos, están jugando con fuego y, tarde o temprano, provocan un incendio. Es por ello que la acción o la reacción preventiva, quizás incluso exagerada, como en el caso austríaco presente, tiene su razón de ser, tiene su sentido, y es mejor que la no reacción. En estas cuestiones Europa y la gran comunidad internacional deben mostrar firmeza y decisión.

Otra cuestión es la que se refiere al trato que se le concede a los extranjeros. La tolerancia es uno de los principios democráticos y europeos fundamentales. La intolerancia con respecto a los extranjeros es un fenómeno frecuente en los países de Europa. La UE, y más aún sus miembros, están introduciendo una serie de medidas restrictivas que limitan la afluencia de inmigrantes. Por esta razón empieza a ser un gran problema el tránsito de personas y, especialmente, de la mano de obra entre los países de la UE y el resto de Europa, también con respecto a los países candidatos. La política europea está tomando medidas preventivas, porque teme que llegado cierto punto se produzca un reacción espontánea de la gente y que al franquearse cierto límite se produzca un rechazo. El problema se agrava, cuando los políticos comienzan a hacer de esta cuestión una política altisonante que despierta emociones y reacciones hostiles. En este punto es también acertado que la política europea exprese sus principios, su solidaridad, su tolerancia para con todos - con los extranjeros, con las minorías, con las comunidades religiosas -, pero debe encontrar la manera de que sus reacciones prácticas de protección estén correctamente dimensionadas y sean al menos mínimamente consistentes. Esta será una de las tareas más difíciles para el futuro de la Comunidad europea y de Europa. Esta cuestión se relaciona también con el proceso de ampliación de la UE. La UE debe ir ampliándose gradualmente e incluir a aquella parte de Europa que comparte con ella los mismos objetivos, los mismos valores. La exclusión y el límite, un límite tajante entre una parte de Europa y la otra, sería un límite cada vez más tajante entre la estabilidad y la inestabilidad, provocando siempre nuevas tensiones y peligros para el futuro de Europa. Esta cuestión es difícil y, a la vez, muy importante para su futuro; el proceso debe ser equilibrado y correctamente dimensionado. También en este caso, la UE misma, preocupada por la propia capacidad de absorción, a menudo retarda el proceso y eleva las condiciones a los nuevos candidatos. Sin embargo, si alguien empieza hacer de esto una política contraria a la ampliación de Europa, contra los nuevos países, contra los extranjeros, amenaza con ello los fundamentos de la idea europea y la estabilidad.

Finalmente, nos queda la pregunta de la transparencia y eficacia del funcionamiento de las estructuras democráticas en los países de la UE, especialmente en la UE misma. Se trata de la relación con el populismo, con las políticas antiburocráticas, difíciles de distinguir de la presión normal en favor de una mayor eficacia y transparencia. Esto pertenece a la naturaleza del funcionamiento democrático: la oposición siempre estará a la búsqueda de errores y ejercerá presiones; puede ésta ser populista, simplificar las cosas, puede ser totalmente no realista y desconectada de la vida. En el común de los casos, esto se hace evidente cuando esta clase de políticos o partidos asumen el poder y se enfrentan con la situación real. Por lo general, en ese momento se enfrentan con los hechos, con eso de que finalmente se trata simplemente de personas y de que no es posible cumplir con promesas fantasiosas. También en este punto la tarea de los políticos y burócratas europeos será difícil. La lucha permanente por una mayor eficacia y transparencia se hará imprescindible, de lo contrario tarde o temprano en alguno de los países miembro podrán triunfar políticos, cuyo programa esté dirigido contra la UE, contra la enajenación, la falta de transparencia y la ineficacia burocrática.

Haider supo aprovecharse del populismo, de los errores de la clase dirigente, de la política adormecida, pero posiblemente sus objetivos no sean extremistas, de alguna manera va tomando conciencia de ellos sobre la marcha y empieza a renunciar a ellos, en parte quizás también por las reacciones de Europa. De todos modos, ha llamado la atención sobre el peligro, y Europa ha temblado por sus propios temores. De esto puede extraerse algo útil, si hacemos un análisis correcto, si nos analizamos a nosotros mismos, si analizamos nuestros errores y no buscamos culpar sólo a aquel que se aprovecha de ellos o que los senala. Con la situación en Austria se nos ha presentado a todos los políticos europeos una oportunidad importante para una reflexión profunda sobre los valores, los objetivos y las políticas.
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